Las matemáticas del blog consúltalas aquí https://draft.blogger.com/blog/posts/2196200683854556972

https://youtu.be/z0Katkl-nTY

Las matemáticas del blog consúltalas aquí https://draft.blogger.com/blog/posts/2196200683854556972

viernes, 27 de febrero de 2026

Propuestas de mejora social : organicemos la supervivencia de la humanidad

 

 

 Fin del capitalismo financiero.   Horizonte comunista

 Acceso al audio    

https://drive.google.com/file/d/1lFN_sLkfWPCojBQ6oKB7ve78Ik0PLc3M/view?usp=sharing

 

 Vivimos en una época atravesada por una crisis civilizatoria profunda, donde la violencia estructural, la explotación y la enajenación se han naturalizado bajo la apariencia de paz, orden democrático y progreso técnico. Para enfrentar este escenario y posibilitar la supervivencia misma de la humanidad, es urgente abandonar las inercias de la derrota, el dogmatismo autoritario del pasado y el escepticismo paralizante de las modas académicas. Se necesita construir un horizonte político radical, fundamentado en una comprensión histórica y materialista de la realidad, que apunte directamente a la superación del sistema capitalista y burocrático imperante.

El primer paso para esta emancipación es desmitificar las herramientas con las que se legitima el poder actual. La racionalidad científica, la academia y su aclamado "método" no son formas neutrales u objetivas de acercarse a una verdad inmutable, sino que operan como la forma ideológica de la modernidad. Funcionan como el sistema de legitimación de una nueva clase dominante: la burocracia, que fundamenta y ejerce su poder sobre la división social del trabajo mediante el monopolio de un saber experto y jerarquizado. Frente a esta ilusión de objetividad neutral, un pensamiento verdaderamente crítico reconoce que la verdad y la realidad no están dadas de antemano como entes estáticos, sino que son producidas social e históricamente por la acción humana. Historizar radicalmente el saber es devolverle a la humanidad su capacidad constituyente y transformadora.

En el plano material, la esencia de este sistema es la explotación antagónica. La riqueza social, que hoy alcanza niveles de abundancia técnica sin precedentes, es apropiada de manera privada mediante la extracción incesante de plusvalía a los productores directos. Este sistema capitalista está marcado por contradicciones insalvables: la competencia ciega y la necesidad de una acumulación infinita generan crisis cíclicas de sobreproducción, despojo permanente y el crecimiento de una masa de capital que se ha vuelto monstruosa y destructiva para la vida y el planeta.

En este contexto de choque de intereses, la lucha cotidiana de los trabajadores por mejorar o defender sus niveles salariales no es un error económico ni un capricho, sino una reacción justa, necesaria e inevitable contra la acción constante del capital, cuya tendencia general es empujar el valor del trabajo hacia su límite más bajo. Renunciar a esta resistencia diaria frente a las usurpaciones del capital sería degradar a la clase trabajadora a una masa dócil, quebrantada e incapaz de emprender tareas mayores.

Sin embargo, hay que ser claros: esta indispensable "guerra de guerrillas" contra los efectos del capitalismo no ataca sus causas de raíz. El movimiento popular no debe limitar sus exigencias al lema conservador de reclamar "un salario justo", sino que debe utilizar su organización y su fuerza para inscribir en su bandera el objetivo revolucionario real: la abolición definitiva del sistema de trabajo asalariado y de la propiedad privada que lo sustenta.

Hoy en día, esta dominación se ejerce a través de un bloque de poder dual. Por un lado, la burguesía capitalista, que controla y depreda la riqueza real a través de la financiarización y la especulación; por otro, la clase burocrática, que administra la sociedad y el Estado. Juntos, gestionan un modelo que ofrece a amplios sectores un "agrado frustrante": un confort consumista que apacigua la rebelión, pero que mercantiliza todos los aspectos de la vida humana, privatizando el sufrimiento y vaciando de contenido a la democracia liberal.

Superar este dominio complejo exige repensar la organización política. Debemos rechazar tanto el vanguardismo elitista que derivó en los totalitarismos y Estados policiales del siglo XX, como la fragmentación en micro-luchas de identidades que propone un posmodernismo completamente funcional al neoliberalismo. La alternativa estratégica es articular una "Gran Izquierda" organizada en red: un movimiento amplio, diverso y plural que no imponga un pensamiento único ni una jerarquía centralizada, pero que esté unido por un espíritu común profundamente anticapitalista y antiburocrático. El núcleo de este movimiento debe sostenerse en los productores directos de la riqueza material, articulando alianzas dinámicas con todos los sectores oprimidos y excluidos.

El fin último de este discurso y de esta lucha no es una utopía inalcanzable, ni un paraíso de felicidad homogénea donde desaparezca el libre albedrío, sino una posibilidad material inminente: el comunismo, entendido prosaicamente como el fin de la lucha de clases y de la violencia institucionalizada. Este horizonte se construye mediante la desmercantilización radical de los derechos básicos (salud, educación, vivienda) y la reducción drástica de la jornada laboral, lo que permitiría repartir los frutos del aumento de la productividad tecnológica y liberar el tiempo necesario para la autonomía, el trabajo libre y la verdadera democracia comunitaria.

En definitiva, la realidad trágica de nuestro tiempo demuestra que el diálogo con el poder sobre los fundamentos de la explotación es imposible, lo que nos otorga el legítimo derecho a la acción y la violencia de masas frente a la violencia estructural. La supervivencia humana ya no admite paliativos; exige recuperar la iniciativa histórica para cambiar la sociedad de raíz, poniendo fin al reinado ciego del capital y la burocracia para dar inicio, por fin, a una historia humana verdaderamente libre.

¿Qué papel juega la abundancia material en el horizonte comunista? 

En la perspectiva teórica de las fuentes, la abundancia material juega un papel absolutamente central: es la condición material necesaria que hace posible el comunismo.

El papel de la abundancia en el horizonte comunista se puede comprender a través de los siguientes puntos clave:

1. La superación de la escasez como base de la dominación Históricamente, la división de la sociedad en clases, la explotación y la reificación de las instituciones surgieron como estrategias sociales de sobrevivencia frente a la escasez y la ineficacia de los medios de producción. Al superar la escasez, la abundancia elimina la necesidad estructural de que unos seres humanos exploten a otros para sobrevivir. De hecho, se argumenta que, una vez que el capitalismo fue capaz de producir una sociedad de abundancia, la propiedad privada de los medios de producción dejó de ser necesaria para la supervivencia de la humanidad (aproximadamente desde 1930).

2. La abundancia es una realidad presente, no una utopía futura Las fuentes enfatizan repetidamente que ya vivimos en una sociedad de abundancia. Por primera vez en la historia humana, el volumen de la producción ha sobrepasado las necesidades básicas del conjunto de la humanidad. Vivimos en un planeta repleto de recursos y con una tecnología capaz de alimentar y sostener a toda la población mundial. En consecuencia, el hecho de que existan la miseria, la injusticia y la falta de libertad hoy en día no responde a un problema de la naturaleza ni a una escasez real, sino que es un problema pura y exclusivamente político.

3. De la "abundancia enajenada" a la "abundancia no enajenada" El comunismo no consiste en inventar la abundancia, sino en transformarla. Actualmente vivimos bajo patrones de "abundancia enajenada", caracterizados por el despilfarro, el consumismo banal, la destrucción ecológica y una brutal desigualdad entre integrados y excluidos. El horizonte comunista busca humanizar esta riqueza, creando una "abundancia no enajenada" donde los recursos se destinen a la realización humana y no a la reproducción del capital.

4. La base material para la reducción de la jornada laboral La alta productividad tecnológica que genera esta abundancia es el instrumento clave para liberar al ser humano. Si esta riqueza y el trabajo productivo se repartieran equitativamente, sería posible reducir de manera radical la jornada laboral obligatoria a niveles mínimos (por ejemplo, a 5 o 10 horas semanales). Esto permitiría que la inmensa mayoría del tiempo se convierta en "espacio de trabajo libre" y autonomía, logrando así uno de los objetivos supremos del comunismo: la superación de la división social del trabajo.

5. El fin de la lucha de clases y las instituciones opresivas Finalmente, al garantizar la satisfacción de las necesidades materiales sin recurrir al salario opresivo o a la ganancia privada, la abundancia permite que la sociedad funcione sin la "violencia excedente" que representan las instituciones cosificadas (el Estado, el mercado capitalista). En este mundo de abundancia y trabajo libre, los inevitables conflictos humanos (el sufrimiento, las diferencias, la incertidumbre de la libertad) ya no requerirían de la dominación de clases, sino que podrían resolverse de manera puramente intersubjetiva, cara a cara, alcanzando así el fin de la lucha de clases.

RESUMEN SENCILLO DE LEER




Un plan para vivir mejor y salvar el mundo

El problema: Trabajamos mucho y vivimos mal

Hoy el mundo funciona mal. Muchas personas sufren violencia, falta de dinero o mandos injustos. Nos dicen que esto es "lo normal" y que es el "progreso", pero no es verdad. Los que mandan usan palabras difíciles para que no entendamos cómo nos engañan.

Hay dos grupos que tienen el poder:

  1. Los dueños del dinero: Los que se quedan con la riqueza que nosotros fabricamos.

  2. Los jefes y expertos (la burocracia): Los que mandan solo porque dicen que ellos "saben más" que el resto.

La trampa: El dinero y el trabajo

Ahora mismo, el mundo produce muchísimas cosas. Hay comida, ropa y casas para todos. Pero esa riqueza no es de todos. Se la quedan unos pocos.

A los trabajadores nos pagan lo menos posible. Por eso, pelear por un mejor sueldo es justo y necesario. Si no peleamos, nos tratarán como a animales mansos. Pero pedir un "sueldo justo" no es suficiente. El verdadero objetivo es que nadie tenga que trabajar para un amo y que las cosas importantes no tengan dueño.

La solución: Unirnos como amigos

No necesitamos a un jefe valiente que nos guíe, ni grupos pequeños que peleen cada uno por su cuenta. Necesitamos una Gran Unión:

  • Un grupo donde todos valen lo mismo.

  • Donde nadie mande sobre nadie.

  • Donde todos los que trabajan y los que sufren se ayuden.

El futuro: Menos trabajo y más vida

Si usamos las máquinas y la tecnología para ayudar a todos (y no para que el jefe gane más), la vida cambiará:

  • Trabajar mucho menos: Podríamos trabajar solo unas pocas horas a la semana.

  • Cosas gratis para todos: El médico, la escuela y la casa no deberían ser un negocio. Deberían ser de todos por el hecho de estar vivos.

  • Tiempo libre: Al trabajar menos, tendremos tiempo para descansar, estar con la familia y hacer lo que nos guste.

¿Por qué ahora sí se puede?

Antes no se podía porque no había suficiente para todos. Pero hoy ya hay de sobra. El mundo tiene comida y máquinas para que nadie pase hambre. Si hoy hay gente pobre, es porque los que mandan lo permiten, no porque falten cosas.

En resumen:

Queremos un mundo donde el dinero no sea lo más importante. Queremos repartir lo que hay, trabajar poco y vivir en paz, cuidando el planeta. Es nuestro derecho pelear por esto para que la humanidad no desaparezca.


 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión respetuosa con elementales normas de cortesía y convivencia, será siempre bienvenida