Asistido por IA
Buenos días. He trabajado el texto de Juan José Trujillo, ya que no lo entendía muy bien.
Puedes acceder al texto original aquí:
https://mylazaretto.blogspot.com/2026/10/la-nueva-letra-escarlata.html?m=1
La lectura no sólo es una experiencia ensayística, sino literaria en sentido amplio, y artística. Las imágenes son preciosas, la historia con su amiga, encantadora. En conjunto, se trata de un artículo espectacular.
Como no comprendía bien las ideas que expresaba, hice un tratamiento del texto: le borré las imágenes y resalté los títulos de los apartados. Eso mejoró mi lectura y comprendí algo mejor las ideas expresadas, aunque no del todo.
Para acabar de comprender, recurrí a la inteligencia artificial. Primero hice un pdf con el texto modificado y se lo adjunté a la IA. Después, le mandé la indicación o prompt.
La indicación constaba de dos partes: en la primera parte le ponía el texto modificado, aunque fuera redundante, ya que supuestamente podría acceder a él mediante el pdf adjunto, pero hombre precavido vale por dos. En la segunda parte le decía lo que tenía que hacer inventándome una situación para que contextualizara bien lo que yo quería.
Por último mandé la instrucción a las dos IA con las que suelo trabajar: Qwen y Gemini
Este escrito que estás leyendo tiene, a partir de ahora, dos partes:
PRIMERA PARTE: La instrucción o prompt que le envío a las dos IA. A su vez, esta primera parte consta de dos apartados. El primer apartado es el texto de Juan José modificado por mí. El segundo apartado es la instrucción propiamente dicha.
SEGUNDA PARTE: Las respuestas de la IA. Tiene a su vez dos apartados, el primero es la respuesta de Qwen y el segundo es la respuesta de Gemini.
¿Porqué el trabajo que he realizado está incompleto? Porque faltaría que volviese a copiar el texto de Juanjo modificado por mí, pero añadiendo a cada apartado una explicación. Esa explicación la haría yo sintetizando las dos respuestas de la IA con el grado de comprensión que he alcanzado en este proceso. Está incompleto, pero como tengo tantas tareas que hacer, lo pospongo indefinidamente.
INDICACIÓN O PROMPT PARA LA IA. PRIMERA APARTADO: EL TEXTO DE JUANJO MODIFICADO POR MÍ
TEXTO QUE QUIERO QUE ME EXPLIQUES (ES EL MISMO DEL ARCHIVO ADJUNTO)
INDICE:
INTRO : La letra escarlata y otras marcas
I El sello que no se ve
II Qué es un no-concepto
III «Hecho por IA» como no-concepto
IV El trabajo invisible detrás de la interacción lingüística
V La etiqueta espejo y por qué «hecho por humano» no es la alternativa
VI La objeción previsible (y su respuesta)
VII La letra escarlata, revisitada
VIII El laboratorio involuntario de la revista científica
IX Qué queda por preguntar
X La paradoja del testigo
Outro
Anti postdata
Nota sobre las fuentes
INTRO
La letra escarlata y otras marcas
El último día de nuestra estancia en Helsinki, cuando concluía el mes presencial del Máster Internacional en Nuevas Retóricas en la Visualización de Datos, le regalé a Eva Renn un ejemplar de La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne. Después de tantos meses de clases online, aquel último mes nos había permitido trasladar nuestras discusiones fuera de las pantallas, prolongarlas por las calles de la ciudad y complicarlas con asuntos que difícilmente habrían encontrado acomodo en el programa académico. Eva regresaría a Estocolmo, donde trabajaba para Ericsson como especialista en minería de datos, y yo volvería a España. Nos despedíamos después de varias semanas en las que habíamos aprendido bastante más el uno del otro de lo que probablemente figuraba en los objetivos del máster.
Le entregué el libro sin ceremonia. Lo sacó de la bolsa, reconoció el título y se quedó inmóvil durante unos segundos. Después levantó la mirada y me preguntó por qué había elegido precisamente aquella novela. Le respondí que Hawthorne me parecía un escritor extraordinario y que había pensado en ella al encontrar el libro. Eva examinó la cubierta, pasó unas páginas y volvió a mirarme con una expresión que mezclaba el desconcierto y una sospecha que entonces no supe interpretar. Quiso saber qué estaba intentando decirle, qué relación encontraba entre la protagonista y ella, por qué había escogido una historia sobre una mujer condenada a exhibir públicamente la prueba de una transgresión moral. Le aseguré que no pretendía insinuar absolutamente nada y que un regalo literario no necesitaba convertirse en una declaración cifrada. Aquella respuesta, lejos de tranquilizarla, pareció confirmar que detrás de mi elección existía una intención cuidadosamente disimulada. Nos despedimos poco después y, mientras se alejaba con el libro bajo el brazo, tuve la impresión de haber puesto en marcha un mecanismo cuyas consecuencias todavía desconocía.
Las llamadas comenzaron unos días después. Eva podía telefonearme a cualquier hora, generalmente cuando había encontrado una nueva hipótesis que consideraba suficientemente convincente para interrumpir mi trabajo o mi descanso. Una madrugada quiso saber si el regalo tenía alguna relación con nuestras conversaciones sobre los sistemas de clasificación social. Le respondí que Hester Prynne había sido una de las primeras víctimas de una representación gráfica convertida en sentencia, y que quizá debería incluirla en alguno de sus estudios. En otra ocasión me preguntó si la letra escarlata escondía una referencia a nuestra relación y le expliqué que la novela me interesaba por su tratamiento del puritanismo norteamericano, sin ninguna intención biográfica. Otro día aseguré que había comprado el libro por equivocación, después de confundirlo con una obra de Faulkner, y que me había parecido de mala educación reconocerlo cuando se lo entregué. Llegué incluso a sugerir que había dejado una anotación oculta entre sus páginas y que una especialista en minería de datos debería disponer de recursos suficientes para encontrarla. Eva sabía que estaba inventando una explicación distinta en cada conversación, pero aquella sucesión de respuestas contradictorias parecía estimular su empeño por descubrir un significado que yo me negaba a reconocer.
Había algo especialmente divertido en observar cómo una persona acostumbrada a identificar patrones, correlaciones y anomalías en grandes conjuntos de datos terminaba atrapada en la interpretación de un objeto tan sencillo como un libro. Eva buscaba relaciones entre nuestras conversaciones, mis gestos durante la despedida, la elección del autor y las posibles analogías entre ella y la protagonista. Yo contribuía al desconcierto introduciendo nuevas variables cada vez que llamaba. En algún momento comprendí que el regalo había dejado de pertenecerme. Su significado se estaba transformando mediante las hipótesis de Eva y las explicaciones que yo improvisaba, hasta el punto de que mi intención original comenzaba a resultar irrelevante. Habíamos convertido una novela en un territorio de interpretación compartida donde ninguno de los dos estaba dispuesto a reconocer los límites de su conocimiento.
Después de casi dos meses sin noticias suyas, Eva me llamó una tarde. Su voz tenía una tranquilidad desacostumbrada y prescindió de las preguntas que habían acompañado nuestras conversaciones anteriores. Me dio las gracias por el libro, me dijo que finalmente había descubierto por qué se lo había regalado y añadió que ahora lo comprendía todo. Quise saber a qué conclusión había llegado, pero se limitó a reírse y me aseguró que ya no necesitábamos hablar de aquello. Antes de que pudiera insistir, cortó la comunicación. Durante los días siguientes fui yo quien reconstruyó nuestras conversaciones, examinó las posibles interpretaciones de la novela e intentó descubrir qué podía haber encontrado Eva en aquella historia. Había conseguido introducir una anomalía en su biografía y ella acababa de devolverme el favor. La diferencia era que yo conocía la falsedad de mis explicaciones, mientras que ignoraba por completo la naturaleza de su descubrimiento.
Nos volvimos a encontrar en Barcelona, durante una edición de Integrated Systems Europe. La vi entre la multitud que recorría uno de los pabellones, rodeada de pantallas gigantescas, sistemas audiovisuales y dispositivos que prometían transformar nuestra experiencia de la realidad. Me reconoció antes de que pudiera acercarme y vino directamente a abrazarme. Habían pasado meses desde Helsinki, pero su familiaridad conservaba aquella facilidad desconcertante para reanudar una conversación sin preocuparse demasiado por el tiempo transcurrido. Hablamos de nuestros trabajos, de algunas novedades tecnológicas y de las transformaciones que estaban experimentando las herramientas de visualización. En algún momento le pregunté por su novio, con quien sabía que mantenía una relación cuando nos despedimos en Finlandia. Eva me miró durante unos segundos, como si estuviera decidiendo cuánto merecía saber, y respondió con absoluta naturalidad.
—Eso ya es historia. Vamos a tomarnos unas copas de ratafía.
No insistí. Aquella tarde recorrimos algunos bares de Barcelona sin mencionar una sola vez el libro de Hawthorne. Eva tampoco me explicó qué había descubierto durante aquellos meses, ni yo encontré una ocasión razonable para preguntárselo. Había algo excesivamente hermoso en aquella incertidumbre como para estropearla mediante una investigación retrospectiva. Lo único que sabía era que una novela escrita en el siglo XIX había conseguido intervenir en nuestras vidas de una manera que ninguno de los dos había previsto, y que su significado continuaba expandiéndose mucho después de haber cerrado sus páginas.
En 1850, Hawthorne publicó la novela que ahora nos unía sin que ninguno de los dos supiera exactamente cómo. La historia transcurre en la Boston puritana del siglo XVII y su protagonista, Hester Prynne, es condenada por adulterio a llevar una «A» escarlata cosida sobre el pecho. Se trata de una ficción, aunque el castigo tenía antecedentes documentados. Una ley aprobada en Massachusetts en 1694 establecía que las personas condenadas por adulterio debían exhibir permanentemente una letra «A» sobre sus ropas, prolongando la sentencia mucho más allá del tribunal y convirtiendo cada encuentro con los demás en una nueva ceremonia de humillación. Hawthorne situó su relato varias décadas antes de aquella disposición legal, pero comprendió perfectamente el funcionamiento de una sociedad donde la autoridad religiosa y moral podía transformar una conducta individual en una identidad pública. La extraordinaria violencia del castigo residía en su aparente sencillez, porque bastaba una letra para sustituir la complejidad de una existencia por una categoría moral. Hester podía trabajar, caminar por las calles, ayudar a sus vecinos e incluso transformar su conducta, pero ninguna de esas acciones conseguía desprenderla del significado que otros habían cosido sobre su cuerpo. Su identidad quedaba subordinada a una interpretación anterior a cualquier encuentro, y la comunidad ya sabía quién era aquella mujer antes de escucharla, antes de conocer su historia y mucho antes de preguntarse por las circunstancias que la habían llevado hasta allí.
La eficacia de aquella marca dependía de algo más profundo que la autoridad capaz de imponerla, porque necesitaba una comunidad dispuesta a compartir su significado y a reproducirlo mediante miradas, comentarios, distancias y silencios. La vergüenza recaía sobre el cuerpo señalado, mientras quienes contemplaban la letra podían experimentar la satisfacción de pertenecer al territorio de los moralmente aceptables. Hawthorne comprendió que una sociedad puede organizar la exclusión mediante signos capaces de convertir una clasificación en una evidencia aparentemente natural, y que la letra, sin describir la totalidad de Hester Prynne, permitía que sus vecinos actuaran como si la describiera, produciendo así consecuencias perfectamente reales.
Han pasado siglos desde aquella Boston y nuestra capacidad para fabricar sistemas de clasificación ha alcanzado una complejidad extraordinaria. Disponemos de bases de datos, algoritmos, indicadores estadísticos, perfiles de comportamiento y tecnologías capaces de identificar patrones que ninguna persona podría reconocer mediante la observación directa. Hemos aprendido a representar relaciones invisibles y a convertir enormes cantidades de información en signos que facilitan decisiones económicas, políticas y sociales, y también hemos desarrollado una confianza formidable en aquellas representaciones que parecen ofrecer respuestas inmediatas a problemas cuya complejidad nos incomoda. La letra escarlata continúa formando parte de ese universo de signos que utilizamos para organizar la realidad, y aunque ha cambiado de soporte, de escala y de justificación, conserva una capacidad inquietante para transformar una información parcial en un juicio general. A veces aparece bajo una imagen, acompaña una publicación o se incorpora a los metadatos de un archivo, y otras veces adopta la forma de una clasificación económica, una denominación administrativa o una categoría científica que acaba extendiéndose mucho más allá de su ámbito original. Resulta especialmente eficaz cuando conseguimos convencernos de que señalar algo equivale a comprenderlo.
I El sello que no se ve
OpenAI anunció el 5 de octubre de 2026 que los textos generados por ChatGPT y Codex en la Unión Europea llevarán una marca de agua invisible. La medida responde al artículo 50 del Reglamento europeo de IA, que exige que el contenido generado por máquinas sea identificable de forma legible por máquina. La medida se presenta como un ejercicio de transparencia. Pero la categoría que la hace inteligible —«hecho por IA»— es un no-concepto en el sentido de José Manuel Naredo: un término que parece describir algo y que, en realidad, desvía la crítica hacia un callejón sin salida. Y la etiqueta que debería ser su espejo, «hecho por humano», es aún más vacía.
La tecnología se llama textGrain. No inserta caracteres ocultos ni metadatos. Actúa en la capa de probabilidad del modelo, al generar cada palabra, el sistema desplaza ligeramente la distribución de probabilidad según una clave secreta. El resultado es un patrón estadístico que un detector con la clave puede identificar, pero que el lector no percibe. En pruebas con textos de 400 tokens —unas 300 palabras—, el detector encontró la marca en aproximadamente el 92% de los casos. Sustituyendo un 10% de las palabras por sinónimos, la detección cayó al 66%. Sustituyendo un 25%, cayó al 17%. El detector no es público. OpenAI lo reserva a «investigadores y organizaciones expertas aprobadas». La empresa reconoce que la marca no identifica a nadie, no mide cuánto contribuyó una persona y que su ausencia no prueba autoría humana. Hasta aquí, los hechos. Lo interesante es la categoría que hace posible todo esto.
II Qué es un no-concepto
José Manuel Naredo publicó en 2022 La crítica agotada. Su tesis central es que el discurso crítico está atrapado en una especie de mito de Sísifo, y se ve obligado a empujar cuesta arriba una serie de pseudoconceptos que la ideología dominante ha impuesto como evidentes, y al final nada cambia. Naredo los llama «no-conceptos». Los ejemplos que da son elocuentes: «producción», «medio ambiente», «desarrollo sostenible», «neoliberalismo». Términos que suenan técnicos, que parecen describir algo concreto, pero cuyo contenido es lo bastante vago y contradictorio como para que, al usarlos, se termine adoptando la lógica que se pretendía cuestionar. La crítica se lastra con las categorías del adversario y gira en el vacío. Un no-concepto no es simplemente un concepto impreciso. Es un dispositivo. Su opacidad no es un defecto corregible, sino la condición de su eficacia, ya que permite que decisiones políticas se presenten como descripciones neutrales, y que la sospecha se aplique sin necesidad de demostrar nada.
III
«Hecho por IA» como no-concepto
Aplicado a la autoría, «hecho por IA» cumple los cuatro rasgos que Naredo atribuye a los términos fetiche.
El segundo es la función encubridora. Al igual que «producción» oculta los procesos reales de extracción, «hecho por IA» oculta la infraestructura material y laboral que hace posible el texto. No se mencionan los centros de datos, el trabajo de anotación mal pagado, la extracción de minerales, el consumo energético. El término desplaza la atención desde esas condiciones reales hacia una cuestión identitaria —¿es humano o no?— que es, en sí misma, irresoluble.
El tercero es la performatividad institucional. El no-concepto no solo describe mal, también produce efectos secundarios. «Hecho por IA» sirve para que universidades, editoriales y agencias ejerzan una potestad clasificatoria bajo apariencia de criterio técnico. La etiqueta no informa, solo autoriza o desautoriza. Y al hacerlo, invierte la carga de la prueba sobre quien es señalado, que debe demostrar que escribió, que editó lo suficiente, que no usó la herramienta prohibida. En definitiva, que no ha cometido adulterio.
El cuarto, y el más incisivo, es la captura de la crítica. Naredo advierte que la crítica se lastra cuando adopta los no-conceptos del adversario. Si quienes defienden la escritura con IA aceptan el marco «hecho por IA vs. hecho por humano», ya han perdido, están discutiendo dentro de una categoría que los descalifica por definición. Del mismo modo, si quienes critican la marca de agua se limitan a decir «esto no prueba que sea IA», permanecen atrapados en el no-concepto. La salida no es defender la humanidad del texto, sino preguntar quién tiene el poder de aplicar la etiqueta, con qué fines y con qué consecuencias distributivas.
IV
El trabajo invisible detrás de la interacción lingüística
El no-concepto «hecho por IA» no solo encubre los centros de datos y la extracción de minerales. Encubre el trabajo humano que hay en cada texto generado. Ese trabajo adopta al menos cuatro formas, y ninguna aparece en la etiqueta.
Primera, el trabajo de redacción del prompt. Un texto generado por IA no surge de la nada, surge de una instrucción humana. Esa instrucción puede ser de dos palabras o de dos mil; puede ser un encargo preciso o una exploración a ciegas. La calidad, el enfoque y la estructura del resultado dependen en gran medida de ese trabajo previo de formulación. La etiqueta lo borra, dice «hecho por IA» y deja fuera al autor del encargo.
Segunda, el trabajo de selección y descarte. Generar no es lo mismo que elegir. El usuario que recibe tres respuestas y escoge una, que descarta dos párrafos y conserva uno, que pide una reescritura porque la primera no servía, está realizando un trabajo de pulido que la etiqueta no registra. En términos de autoría, seleccionar es una forma de escribir, y sin embargo el no-concepto la vuelve invisible.
Tercera, el trabajo de edición y corrección. Como muestran los propios datos de OpenAI, basta sustituir un 10% de las palabras para debilitar la marca del 92% al 66%. Ese 10% es trabajo humano, es decir, alguien leyó, juzgó y cambió. La paradoja es que cuanto más trabaja el humano sobre el texto, menos detectable es la IA, y por tanto más fácilmente puede el texto pasar por «hecho por humano», y de esta manera se convierte en el mecanismo que borra la prueba de la IA, y a la vez en lo que la etiqueta no reconoce.
Cuarta, el trabajo de anotación y entrenamiento. Detrás de cada modelo hay miles de personas —muchas veces en países del Sur global, mal pagadas— que clasifican, etiquetan y corrigen datos para que el modelo funcione. Ese trabajo es la condición material del texto generado, y el no-concepto lo hace desaparecer por completo. la etiqueta dice «IA» como si la IA fuera una entidad sin trabajadores.
A esto se añade una dimensión lingüística más sutil. La interacción con un modelo es una conversación, y en toda conversación el hablante humano aporta algo que el modelo no genera por sí mismo. Me refiero al contexto, la intención, el criterio de relevancia, la decisión de cuándo detenerse. La etiqueta «hecho por IA» trata el texto como si fuera un objeto autónomo producido por una máquina, cuando en realidad es el residuo de un diálogo asimétrico en el que el humano puso la pregunta, el marco y el juicio final. El no-concepto, en suma, no solo es ambiguo, también es parcial en una dirección muy concreta. Visibiliza la máquina e invisibiliza al humano que la opera. Y al hacerlo, produce una anomalía política muy precisa, despoja al usuario de su autoría justo cuando más fácil sería reconocérsela. La etiqueta que debía aclarar quién escribió termina ocultando que alguien, en efecto, escribió.
Esta invisibilización tiene además una dimensión de género y clase. El trabajo de anotación de datos, corrección de textos y soporte de los modelos se concentra desproporcionadamente en mujeres y en trabajadores del Sur global. Es la misma estructura que la economía feminista lleva décadas señalando: el trabajo que sostiene el sistema es el que no se ve. «Hecho por IA» funciona aquí como una versión digital del trabajo reproductivo no remunerado: la máquina se lleva el crédito de una producción que depende de un trabajo humano que la etiqueta borra.
V
La etiqueta espejo y por qué «hecho por humano» no es la alternativa
Podría pensarse que, si «hecho por IA» es un no-concepto, bastaría con oponerle su contrario, «hecho por humano». Pero esa etiqueta resulta igualmente vacía, y por las mismas razones. Basta examinar la diversidad de procesos que pueden esconderse bajo un mismo enunciado. «Este texto está hecho por humano» puede referirse a una persona que lo escribió de principio a fin, sin recurrir a ninguna herramienta, o a quien elaboró un borrador que posteriormente fue revisado y pulido mediante inteligencia artificial. También cabría aplicar esa expresión a un texto generado inicialmente por una IA y sometido después a una intervención humana que modificó un treinta por ciento de su contenido, e incluso a otro cuya única intervención posterior consistió en pasar un corrector ortográfico que incorporaba funciones de inteligencia artificial sin que su usuario llegara siquiera a advertirlo. Todos estos procesos quedan amparados por una misma etiqueta, aunque describen relaciones de autoría profundamente diferentes. Escribir, dirigir, supervisar y corregir constituyen operaciones distintas, con grados de intervención, responsabilidad y decisión que difícilmente pueden reducirse a una oposición tan rudimentaria entre lo humano y lo artificial.
El predicado —«hecho por»— no especifica qué se hizo ni en qué grado. Es semánticamente ambigua en su referente y, como el no-concepto que pretende corregir, solo funciona en negativo, su contenido positivo es mínimo; su contenido real es «no es IA». La etiqueta no dice lo que el texto es; dice lo que el texto no es, y lo dice sin poder verificarlo. Y hay una asimetría adicional. La etiqueta «hecho por humano» no la establecen los autores, sino las instituciones que despliegan los detectores y los marcos regulatorios que los legitiman. OpenAI define qué cuenta como marca. La UE la hace obligatoria. Los investigadores acreditados interpretan el resultado. El autor queda en la posición de sujeto clasificado por un poder que no controla la clasificación. Es la estructura clásica del colonialismo epistémico donde el centro define las categorías, la periferia las habita.
VI
La objeción previsible (y su respuesta)
La réplica más habitual a este argumento es: «La etiqueta no pretende describir la autoría con precisión, solo advertir al lector de que hay IA implicada; exigirle rigor semántico es pedirle peras al olmo». Pero una advertencia sin criterio verificable no es transparencia, es señalización. Y una señal que solo puede leer el centro —OpenAI, los investigadores acreditados— no informa al lector, informa a las instituciones sobre el lector. Eso convierte la advertencia en un mecanismo de vigilancia, no de claridad. La etiqueta no dice «aquí hay IA» de un modo que el lector pueda comprobar; dice «alguien con la clave puede determinar que aquí hay IA», lo cual es una afirmación sobre el poder de quien detecta, no sobre el texto. Me pregunto que pensaría Foucault sobre este tema. Argumentaría que bajo la justificación de la transparencia, el poder introduce mecanismos para clasificar las prácticas creativas, examinar sus procedimientos y establecer qué formas de producción intelectual resultan legítimas. La paradoja es que se exige al autor revelar las herramientas que utiliza mientras permanecen prácticamente invisibles los intereses económicos, políticos y editoriales que condicionan la circulación de su obra. La etiqueta acaba funcionando como una marca de sospecha, desplazando la atención desde el valor de lo escrito hacia la vigilancia de quien lo escribe.
VII
La letra escarlata, revisitada
La «A» de Hester Prynne era visible, pública y compartida. Toda la comunidad la veía y sabía qué significaba. La marca de *textGrain* invierte esa economía ya que es invisible para el lector, inverificable para el autor y legible solo por instituciones con clave. No produce vergüenza pública; produce sospecha administrada. Hay una diferencia más. Hester podía redimir la letra con obras. La etiqueta digital no tiene redención posible, porque no existe un umbral de «suficiente humanidad» que se pueda alcanzar. El texto siempre puede ser «demasiado pulido», «demasiado coherente», «demasiado rápido». La etiqueta no se gana, solo se pierde. Y hay una ironía final. La marca de agua se debilita precisamente con el comportamiento que la ley pretende regular. Un autor que da un pulido normal a un borrador de IA —cambiar algunas palabras, ajustar un par de expresiones— está eliminando inadvertidamente el sello. La transparencia obligatoria es frágil frente a la más ordinaria de las prácticas de escritura.
VIII
El laboratorio involuntario de la revista científica
La revista científica es el lugar donde la incoherencia del no-concepto se vuelve visible con especial crudeza. Muchas han empezado a rechazar trabajos con «cualquier señal» de IA. La intención es comprensible —proteger la autoría—, pero el instrumento que usan es el mismo que OpenAI describe como condicional. Una marca que no identifica a nadie, que no mide la contribución humana y cuya ausencia no prueba autoría humana. La revista aplica, así, un criterio binario sobre un indicio que su propio fabricante reconoce como frágil. Y lo hace sin que el autor pueda verificar la marca ni impugnarla, ya que el rechazo se apoya en un detector al que el firmante no tiene acceso. Es la asimetría institucional en su forma más pura, una variante del sátrapa ilustrado donde el clasificador no rinde cuentas del criterio de clasificación. Pero la paradoja es más profunda. La revista científica nació, en parte, para garantizar la trazabilidad de la autoría: la cita, la réplica, la responsabilidad del firmante. Tiene herramientas conceptuales para hacerlo. Pero ante la IA no las usa, lo que importa es el no-concepto del proveedor en lugar de desarrollar su propio criterio de trazabilidad. Es la demostración más nítida de la incapacidad de adaptarnos a lo que nosotros mismos creamos, la institución que exigía rigor epistémico acepta, sin examen, una etiqueta que no lo tiene.
Conviene ser justos con la demanda de fondo. El rechazo institucional no es solo un error técnico; expresa una necesidad legítima de responsabilidad. Una revista quiere saber quién responde por lo que firma. El problema no es esa demanda, sino que se satisfaga con una etiqueta que no responde a la pregunta. La alternativa —la trazabilidad del proceso— es precisamente lo que permitiría responderla sin detector secreto y declarar qué se generó, qué se editó y quién responde de qué. La revista no necesita la marca de OpenAI; necesita un sistema de declaración verificable. Y ese sistema no lo va a proporcionar el proveedor, tiene que construirlo la institución. Pero claro, para eso hay que trabajar.
IXQué queda por preguntar
Naredo advierte que la crítica termina por agotarse cuando acepta y reproduce los pseudoconceptos de su adversario. La discusión sobre la autoría de los textos generados mediante inteligencia artificial corre precisamente ese riesgo. Mientras permanezca atrapada entre «hecho por IA» y su supuesto contrario, «hecho por humano», continuará girando alrededor de una distinción incapaz de explicar la complejidad de los procesos creativos. La salida difícilmente puede encontrarse en el perfeccionamiento de unas etiquetas que nacen conceptualmente vacías, y exige desplazar la discusión hacia quienes las imponen, las relaciones de poder que las sostienen y las consecuencias que producen sobre aquellos a quienes pretenden clasificar.
Existe, sin embargo, un horizonte posible para quienes reclaman una mayor transparencia en los procesos de autoría. En lugar de reducir la creación intelectual a una clasificación binaria, sería mucho más esclarecedor documentar cómo se ha construido una obra, qué fragmentos proceden de sistemas generativos, cuáles han sido transformados mediante intervención humana y quién ha asumido las decisiones y responsabilidades editoriales. Una declaración abierta, suficientemente detallada y susceptible de comprobación aportaría más conocimiento que cualquier detector cuyo funcionamiento permanezca oculto. La transparencia adquiere verdadero sentido cuando permite comprender los procesos en lugar de limitarse a clasificar a quienes participan en ellos.
XLa paradoja del testigo
Quien genera no puede certificar su propia ausencia de marca Hay un detalle que ilustra la asimetría del no-concepto con una claridad casi experimental. El propio sistema que genera un texto carece de medios para certificar si está dejando alguna marca reconocible en él. Cuando se pregunta a un modelo de lenguaje si aplica alguna marca de agua, la única respuesta rigurosa es que no puede saberlo con garantías. El modelo, considerado aisladamente, no dispone necesariamente de un mecanismo equivalente a textGrain que altere deliberadamente las probabilidades de selección de palabras para introducir una huella detectable. Tampoco puede asegurar que la infraestructura encargada de ejecutarlo no incorpore procedimientos adicionales de marcado o identificación. Carece de acceso directo a los registros internos del servicio, desconoce buena parte de los mecanismos empleados por sus proveedores y no puede inspeccionar por sí mismo todos los metadatos asociados a la conversación. Esa ignorancia responde a una limitación estructural de su posición dentro del sistema. La marca, cuando existe, puede ser introducida por la infraestructura que administra la generación, sin que el modelo tenga conocimiento verificable de ello.
Esta circunstancia convierte al modelo en un testigo incapaz de certificar las condiciones de su propia intervención y sitúa al autor humano en una posición todavía más inquietante, sometido a una sospecha cuya resolución depende de terceros que no siempre hacen públicos sus procedimientos. Cuando una revista, una universidad o una agencia pretende determinar si un texto contiene una marca de procedencia, la respuesta puede encontrarse fuera del alcance tanto de quien lo escribió como del sistema que participó en su elaboración. La información decisiva queda entonces en manos de quienes administran la infraestructura tecnológica, controlan las herramientas de detección y establecen las condiciones bajo las cuales sus resultados adquieren valor probatorio.
La paradoja que recorre todo este artículo alcanza aquí una de sus expresiones más concretas. La transparencia sobre el marcado puede quedar fuera del alcance de aquellos a quienes pretende identificar. El autor carece de instrumentos independientes para verificar una posible marca, el modelo no puede certificar su ausencia y el lector depende de procedimientos cuya fiabilidad y funcionamiento quizá desconozca. Solo quien dispone de las claves y los mecanismos adecuados puede interpretar determinadas señales de procedencia. Bajo esas condiciones, la etiqueta «hecho por IA» corre el riesgo de convertirse en un instrumento de clasificación cuyo significado efectivo permanece bajo el control exclusivo de quienes administran su reconocimiento.
La consecuencia afecta directamente a la distribución de la responsabilidad y de la carga de la prueba. En cualquier régimen que aspire a una transparencia verificable, resulta difícil justificar que deba demostrar su inocencia quien carece de acceso a los instrumentos necesarios para hacerlo. Cuando los detectores funcionan mediante procedimientos secretos, los mecanismos de marcado permanecen ocultos y los sistemas generativos no pueden certificar las condiciones técnicas de su propia producción, la sospecha deja de constituir una conclusión suficientemente fundamentada y puede transformarse en una expresión de autoridad. Quien clasifica adquiere el privilegio de afirmar sin revelar sus pruebas, mientras quien recibe la clasificación queda obligado a defenderse de una evidencia que ni siquiera puede examinar
Outro
La novela de Hawthorne contiene, sin embargo, una enseñanza que quizá no depende de ninguna de nuestras especulaciones, porque Hester Prynne consiguió transformar progresivamente el significado de la letra que debía humillarla. Su conducta, su trabajo y las relaciones que estableció con los demás fueron desbordando la interpretación original hasta que aquella marca comenzó a adquirir sentidos que sus jueces nunca habían previsto, y la sociedad que había pretendido encerrarla dentro de una palabra tuvo que convivir con una existencia que continuaba escapando de sus límites. Quizá por eso seguimos necesitando nuevas letras escarlatas. La complejidad de las personas, los objetos y los acontecimientos amenaza continuamente la tranquilidad de nuestras clasificaciones, y cada nueva incertidumbre despierta la tentación de establecer una frontera que nos permita recuperar alguna forma de seguridad. Las marcas proporcionan una sensación de conocimiento inmediato y nos permiten distribuir confianza, sospecha y responsabilidad sin examinar siempre las relaciones que las sostienen. Hemos construido un mundo donde resulta posible señalar la intervención de una inteligencia artificial en una imagen y continuar comprando tranquilamente productos cuyas condiciones de fabricación apenas conocemos. Exigimos que determinadas representaciones confiesen su procedencia mientras una parte considerable de nuestra prosperidad descansa sobre procesos que preferimos mantener alejados de la mirada, y la palabra «transparencia» circula con una facilidad extraordinaria, incluso entre quienes menos interés parecen mostrar por conocer las estructuras materiales que permiten sostener sus privilegios.
En Barcelona, después de varias copas de ratafía, Eva volvió a hablarme de su trabajo y de las dificultades que encontraba para identificar relaciones verdaderamente significativas dentro de conjuntos de datos cada vez más extensos. Recordaba especialmente una observación suya sobre la facilidad con que confundimos las correlaciones con las explicaciones y sobre nuestra tendencia a encontrar patrones incluso donde únicamente existen coincidencias. Aquella tarde no volví a mencionar La letra escarlata, pero mientras la escuchaba pensé que quizá había encontrado en el libro una respuesta que no tenía nada que ver con mis intenciones. Me pregunté entonces si el verdadero significado de una letra escarlata reside en aquello que pretende identificar o en la necesidad de quienes deciden imponerla. La marca de Hester Prynne había terminado diciendo mucho más sobre sus jueces que sobre la mujer condenada, y nuestras nuevas etiquetas podrían estar revelando algo semejante sobre la sociedad que las reclama. Quizá llevemos siglos intentando localizar las marcas de la culpa sobre los cuerpos equivocados.
Anti postdata
Anti postdata
Nota sobre las fuentes
La información relativa a textGrain procede del anuncio de OpenAI del 5 de octubre de 2026 y de la cobertura periodística posterior. El concepto de «no-concepto» remite a José Manuel Naredo y su obra La crítica agotada (Siglo XXI, 2022). La expresión «hecho por humano» se utiliza como contraejemplo analítico, sin atribuirle existencia como categoría regulatoria ni como denominación empleada por OpenAI. Los porcentajes de detección mencionados corresponden a los ejemplos ilustrativos publicados por la compañía. Las prácticas de rechazo editorial fundamentadas en supuestas «señales» de inteligencia artificial se presentan como una tendencia observada en determinadas instituciones, sin extenderlas indiscriminadamente al conjunto de las revistas científicas
SEGUNDO APARTADO DE LA INDICACIÓN O PROMPT QUE HAGO A LA IA: LAS INSTRUCCIONES PROPIAMENTE DICHAS
INSTRUCCIÓN PARA LA TAREA QUE NECESITO QUE REALICES
El autor del archivo que te adjunto viene a visitar nuestra tertulia, formada por personas jubiladas, algunos hemos sido profesores de enseñanza primaria o secundaria, hay un médico, pero la mitad de los asistentes ha desempeñado oficios comunes: dependientes de comercio, trabajadores de la construcción, administrativos empleados en gestorías para pequeñas empresas y autónomos, amas de casa de clase media. Gente con cierta cultura general, unos más que otros, pero por nuestra edad, con muy poca familiaridad con la informática o las tecnologías de la información y comunicación. Necesito comprender bien el texto para explicarles a los compañeros y compañeras de tertulia lo que dice (en esta ocasión soy el animador de la tertulia) y responder a sus preguntas (me consta que bastantes tienen dudas en determinadas palabras o conceptos y en entender o desentrañar lo que quiere decir el autor, las tesis que sostiene). Quiero que cuando venga el autor los miembros (algo más de la mitad son mujeres) de la tertulia puedan preguntar con conocimiento de causa sobre el texto, y quedemos bien con él.
Para ello necesite que me expliques cada apartado con palabras sencillas, que las entienda alguien poco familiarizado con las nuevas tecnologías, e incluso algunos con una cultura general media baja. Que quede claro lo que el autor quiere decir, las tesis que defiende, el significado de los conceptos principales que usa.
Además, al final de cada apartado debes añadir un lista de palabras que probablemente no haya comprendido todo el mundo, bien porque sean cultismos o palabras poco usadas en la conversación habitual, bien porque sean palabras especializadas, propias de la jerga técnica de los conocedores de las TIC, con sus significados explicados en términos sencillos, que los pueda entender "el hombre o mujer de la calle"
Confío en que puedas realizar esta tarea con la suficiente claridad y profundidad como para que todos y todas terminemos entendiendo plenamente el texto
SEGUNDA PARTE DE ESTE ESCRITO: RESPUESTAS DE LA IA
PRIMER APARTADO: RESPUESTA DE QWEN
Estimado Martín, es un honor ayudarle a preparar esta tertulia. Teniendo en cuenta su perfil y el de sus compañeros y compañeras, he elaborado esta guía pensando en una explicación clara, pausada y muy cercana, evitando la jerga técnica innecesaria.
El texto está formateado en HTML, tal como usted prefiere, para que pueda copiarlo y pegarlo directamente en su blog de Blogger y que se vea con un formato limpio, con negritas y listas bien organizadas.
A continuación, le presento el desglose apartado por apartado, con la explicación sencilla y el glosario al final de cada uno.
INTRO: La letra escarlata y otras marcas
Explicación sencilla:
El autor comienza contando una anécdota personal: regaló el libro La letra escarlata a una amiga experta en datos. En esa novela clásica, a una mujer la obligan a llevar cosida una letra "A" en el pecho por haber cometido adulterio. Esa sola letra hacía que todo el pueblo la juzgara, ignorando quién era ella en realidad, cómo trabajaba o cómo ayudaba a los demás. El autor usa esta historia para decirnos que hoy en día hacemos algo parecido: usamos etiquetas y categorías (como algoritmos o clasificaciones) para juzgar a las personas o a las cosas de forma rápida y simplista, sin importar la complejidad real de la situación. La etiqueta se convierte en una sentencia.
Glosario para la tertulia:
- Minería de datos: Imaginen que es como buscar oro, pero en lugar de tierra, se busca en grandes montones de información (datos) para encontrar patrones o secretos ocultos.
- Puritanismo: Una forma de pensar muy estricta y severa, especialmente en temas morales o religiosos, que juzga con dureza cualquier comportamiento que se salga de la norma.
- Anomalía: Algo que se sale de lo normal o de lo esperado; una rareza o excepción en un conjunto de cosas.
- Representación gráfica: Dibujar o mostrar algo (como una letra, un símbolo o un gráfico) para representar una idea o una persona.
I. El sello que no se ve
Explicación sencilla:
Aquí el autor nos cuenta un hecho reciente: la empresa OpenAI (creadora de ChatGPT) anunció que pondrá una "marca de agua invisible" en los textos que genere su inteligencia artificial en Europa. No es una marca que se vea a simple vista, sino un truco matemático que cambia ligeramente cómo el ordenador elige las palabras. Solo ellos, con una "clave secreta", pueden detectar si un texto fue hecho por la máquina. El autor dice que llamar a esto "hecho por IA" es un "no-concepto", es decir, una palabra que suena bien pero que en el fondo está vacía y no explica nada útil.
Glosario para la tertulia:
- Marca de agua (en este contexto): No es un dibujo en el papel. Es una huella digital invisible, como un código secreto escondido en el texto para que solo ciertos programas puedan leerlo.
- Token: En informática, es como una "ficha" o la unidad mínima de texto (puede ser una palabra o un trozo de palabra) que el ordenador cuenta para procesar la información.
- Probabilidad: La posibilidad de que algo ocurra. Aquí significa que el ordenador elige las palabras basándose en cálculos matemáticos de cuál es la más "probable", no porque "piense" como nosotros.
- No-concepto: Una palabra o expresión que parece muy seria y técnica, pero que es tan vaga que no sirve para explicar nada con claridad.
II. Qué es un no-concepto
Explicación sencilla:
El autor explica la idea del economista José Manuel Naredo. Un "no-concepto" es como una palabra trampa. Términos como "desarrollo sostenible" o "neoliberalismo" suenan muy bien y muy técnicos, pero son tan amplios y confusos que, al usarlos, acabamos aceptando las reglas de los poderosos sin darnos cuenta. No son palabras para aclarar, sino para confundir y evitar que se haga una crítica real.
Glosario para la tertulia:
- Pseudoconcepto: Un "falso concepto". Parece una idea sólida, pero en realidad está hueca o mal definida.
- Ideología dominante: El conjunto de ideas, creencias y normas que imponen los grupos que tienen el poder en la sociedad y que se dan por sentadas como "lo normal".
- Mito de Sísifo: Viene de la mitología griega. Sísifo estaba condenado a empujar una gran piedra cuesta arriba, solo para verla caer una y otra vez. Significa un esfuerzo inútil y repetitivo que nunca llega a su fin.
- Opacidad: Lo contrario de transparencia. Algo que no deja ver su interior, que es confuso o difícil de entender.
III. «Hecho por IA» como no-concepto
Explicación sencilla:
El autor aplica esta idea a la etiqueta "Hecho por IA" y dice que tiene cuatro problemas graves: 1) No aclara cuánto hizo la máquina y cuánto la persona. 2) Oculta el trabajo real y sucio que hay detrás (gastar mucha electricidad, el trabajo mal pagado de quienes entrenan a la IA). 3) Da poder a universidades o editoriales para castigar a la gente basándose en una etiqueta, obligando al acusado a demostrar que no hizo nada malo. 4) Nos atrapa: si discutimos si algo es "humano" o "de IA", ya hemos perdido, porque estamos jugando con las reglas y palabras que imponen las grandes empresas.
Glosario para la tertulia:
- Opacidad semántica: Que el significado de la palabra es confuso y no aclara de qué se está hablando realmente.
- Función encubridora: Que sirve para tapar u ocultar la realidad (como una cortina de humo).
- Performatividad institucional: Cuando una institución (como una universidad) usa una palabra o etiqueta no para informar, sino para ejercer poder, autorizar o prohibir cosas.
- Carga de la prueba: En derecho, es la obligación de demostrar que lo que dices es verdad. Aquí, el autor se queja de que nos obligan a nosotros a demostrar que no usamos IA, en lugar de que ellos demuestren que sí la usamos.
IV. El trabajo invisible detrás de la interacción lingüística
Explicación sencilla:
Decir "Hecho por IA" borra el esfuerzo humano, que es de cuatro tipos: 1) Escribir la instrucción (prompt) para que la máquina haga algo. 2) Elegir la mejor respuesta entre varias que da la máquina. 3) Corregir y mejorar el texto (y curiosamente, cuanto más lo corrige un humano, más difícil es que el detector de IA lo pille). 4) El trabajo de miles de personas, a menudo mujeres en países pobres, que etiquetan y corrigen datos para que la IA funcione. Es como el trabajo del hogar: esencial, pero nadie lo ve ni lo valora.
Glosario para la tertulia:
- Prompt: La instrucción o petición que le damos al ordenador para que haga algo (por ejemplo: "Escribe un poema sobre la primavera").
- Interacción lingüística: El acto de comunicarse o conversar usando el lenguaje, en este caso, entre una persona y una máquina.
- Sur global: Una forma de referirse a los países en vías de desarrollo o con menos recursos económicos, que suelen estar en el hemisferio sur (como gran parte de América Latina, África y Asia).
- Trabajo reproductivo no remunerado: Tareas necesarias para mantener la vida y la sociedad (como cuidar, limpiar o, en este caso, entrenar sistemas) que no se pagan y que recaen desproporcionadamente en las mujeres.
V. La etiqueta espejo y por qué «hecho por humano» no es la alternativa
Explicación sencilla:
Podríamos pensar que la solución es poner la etiqueta contraria: "Hecho por humano". Pero el autor dice que esto es igual de inútil. Un texto "hecho por humano" podría estar escrito totalmente a mano, o podría ser un borrador de IA que una persona retocó un poco, o simplemente un texto con un corrector ortográfico automático. La etiqueta no nos dice qué hizo realmente la persona. Además, son las grandes empresas y los gobiernos quienes deciden qué cuenta como "humano", dejándonos a los ciudadanos sin voz ni control.
Glosario para la tertulia:
- Etiqueta espejo: Una etiqueta que se crea simplemente como lo contrario de otra (como el reflejo en un espejo), pero que no tiene valor propio.
- Asimetría: Cuando hay un desequilibrio de poder o de información entre dos partes (uno sabe mucho y manda, el otro no sabe nada y obedece).
- Colonialismo epistémico: Suena complicado, pero significa que los países o grupos poderosos imponen su forma de pensar, sus reglas y sus definiciones al resto del mundo, tratándolos como si no supieran nada.
VI. La objeción previsible (y su respuesta)
Explicación sencilla:
Algunos defienden estas etiquetas diciendo: "No pretendemos ser perfectos, solo es una advertencia para el lector". El autor responde que una advertencia que el lector no puede comprobar por sí mismo no es transparencia, es vigilancia. Es como si nos vigilaran "por nuestro bien". Cita la idea del filósofo Foucault: bajo la excusa de ser transparentes, los poderosos crean mecanismos para controlar, clasificar y decidir qué formas de escribir son válidas, mientras ocultan sus propios intereses económicos.
Glosario para la tertulia:
- Señalización: Poner una señal o aviso que parece informar, pero que en realidad solo sirve para marcar o controlar, sin aportar datos reales.
- Rigor semántico: Exigir que las palabras se usen con precisión y que signifiquen exactamente lo que dicen.
- Vigilancia: Controlar o vigilar las acciones de las personas, a menudo de forma discreta o constante.
VII. La letra escarlata, revisitada
Explicación sencilla:
El autor vuelve al libro del principio. La "A" de Hester Prynne era visible para todos, pero ella podía ganar el respeto de la comunidad con sus buenas acciones a lo largo de los años. La marca digital de la IA es todo lo contrario: es invisible, solo la pueden leer las instituciones con la clave secreta, y no hay forma de "redimirla" o ganar el respeto. Además, hay una ironía: si un autor coge un texto de IA y lo mejora corrigiendo palabras (que es lo que debería hacer un buen escritor), la marca de agua desaparece. Así que el sistema castiga el esfuerzo de mejorar el texto.
Glosario para la tertulia:
- Redención: El acto de liberarse de una culpa o castigo mediante buenas acciones o esfuerzos.
- Umbral: El límite o punto a partir del cual algo cambia. Aquí se refiere a que no hay un "punto mínimo" de esfuerzo humano que te salve de la etiqueta.
- Sospecha administrada: Una desconfianza que no nace de la gente, sino que es organizada y controlada por las instituciones o las autoridades.
VIII. El laboratorio involuntario de la revista científica
Explicación sencilla:
Las revistas científicas son un ejemplo claro de este problema. Muchas rechazan artículos si detectan "cualquier señal de IA". Pero usan detectores secretos y poco fiables. El autor del artículo no puede ver esa prueba ni defenderse. Las revistas, que deberían ser las más exigentes con la verdad y la claridad, aceptan sin cuestionar una etiqueta secreta de una empresa privada, en lugar de pedir a los autores que expliquen claramente qué partes del trabajo hicieron ellos y cuáles ayudó la máquina.
Glosario para la tertulia:
- Trazabilidad: La posibilidad de seguir el rastro de algo, saber de dónde viene, cómo se hizo y quién participó en cada paso.
- Sátrapa ilustrado: Un "sátrapa" era un gobernador con poder absoluto en la antigua Persia. Aquí significa una autoridad que impone sus reglas de forma arbitraria, aunque se vista de ciencia o progreso ("ilustrado").
- Rigor epistémico: La exigencia de ser muy estrictos y precisos a la hora de considerar algo como "conocimiento verdadero" o "ciencia".
IX. Qué queda por preguntar
Explicación sencilla:
El autor concluye que la pregunta correcta no es "¿esto lo hizo un humano o una máquina?", porque eso no se puede saber con certeza y no es lo importante. Las preguntas importantes son: ¿Quién tiene la clave secreta del detector? ¿Por qué el acusado tiene que demostrar su inocencia? ¿Por qué ocultamos el trabajo humano y el gasto energético que hay detrás? La solución no es mejorar las etiquetas, sino exigir una "declaración abierta": que el autor explique paso a paso cómo hizo su trabajo, qué usó y de qué se hace responsable.
Glosario para la tertulia:
- Clasificación binaria: Dividir las cosas en solo dos opciones, sin matices (como "blanco o negro", "humano o máquina"), cuando la realidad es mucho más compleja.
- Declaración abierta: Un documento o explicación pública y clara donde el autor detalla cómo creó su obra, qué herramientas usó y qué partes son suyas.
X. La paradoja del testigo
Explicación sencilla:
Aquí hay una gran contradicción: la propia inteligencia artificial no sabe si está dejando una marca de agua o no, porque es la infraestructura de la empresa la que lo hace a sus espaldas. El autor humano tampoco puede demostrar que no la usó. Solo la gran empresa tecnológica tiene la clave y el poder. Esto crea una situación injusta: te acusan con una prueba secreta que tú no puedes ver, ni comprobar, ni rebatir. Quien acusa tiene todo el poder; el acusado, ninguna defensa.
Glosario para la tertulia:
- Paradoja: Una situación que parece contradecirse a sí misma o que va en contra de lo que sería lógico esperar.
- Metadatos: Son "datos sobre los datos". Información oculta en un archivo digital que dice cuándo se creó, con qué programa, etc., pero que no forma parte del texto que leemos.
- Valor probatorio: La capacidad que tiene algo (una prueba) para demostrar la verdad de un hecho ante una autoridad.
Outro y Anti postdata
Explicación sencilla:
El autor cierra volviendo a su amiga Eva. La gran lección de La letra escarlata es que Hester, con su vida y su trabajo, terminó cambiando el significado de la "A": de ser un símbolo de vergüenza, pasó a ser un símbolo de respeto. Las etiquetas que nos ponen pueden ser desafiadas. El autor termina con una ironía mordaz: si vamos a etiquetar todo lo que toca la IA, también deberíamos poner una etiqueta en los mataderos, las minas o las juntas de accionistas, para que la sociedad vea el sufrimiento o los costes reales que prefieren mantener ocultos tras la palabra "progreso" o "transparencia".
Glosario para la tertulia:
- Correlación: Cuando dos cosas parecen estar relacionadas (por ejemplo, que llueva y la gente lleve paraguas), pero eso no significa que una sea la causa de la otra.
- Distintivo: Una señal, marca o símbolo que sirve para identificar o diferenciar a alguien o algo.
- Ironía: Decir algo dando a entender lo contrario de lo que se dice, o señalar una contradicción evidente en la realidad, a menudo con un tono de crítica o humor ácido.
Estimado Martín, espero que esta estructura le sea de gran utilidad para guiar la tertulia. Si necesita que profundice en algún punto concreto, que prepare una lista de preguntas que sus compañeros podrían hacerle al autor, o que ajuste el tono de alguna sección, no dude en decírmelo. Estoy aquí para ayudarle paso a paso.
SEGUNDO APARTADO: RESPUESTA DE GEMINI
¡Hola! Qué excelente iniciativa la de animar una tertulia con un texto tan sugerente y actual. Preparar una sesión para un grupo con tanta experiencia de vida, curiosidad y ganas de aprender es una gran labor.
A continuación, te presento una guía detallada, estructurada apartado por apartado y explicada con un lenguaje cercano, sencillo y cotidiano (ideal para que todos en la tertulia lo entiendan sin necesidad de ser expertos en informática). Al final de cada bloque, incluiremos el glosario de términos técnicos o cultos explicados "para el hombre o mujer de la calle".
INTRODUCCIÓN: La letra escarlata y otras marcas
Explicación sencilla: El autor nos cuenta una anécdota personal sobre un libro que le regaló a una compañera de estudios (Eva) en Helsinki: La letra escarlata. Ese regalo dio pie a un juego de interpretaciones entre ambos. A partir de ahí, el autor introduce el tema central: la famosa novela del siglo XIX narra la historia de Hester Prynne, una mujer condenada en una sociedad muy rígida (la Boston puritana) a llevar cosida en el pecho una letra «A» roja como castigo público por adulterio. Esa letra se convierte en un estigma imborrable: la gente ya la juzgaba y sabía "quién era" antes de escucharla o conocer sus circunstancias. El autor avisa de que hoy en día seguimos haciendo lo mismo, pero con otros métodos: creamos etiquetas y sistemas tecnológicos para clasificar a las personas y juzgar lo que hacen de forma automática.
Tesis principal: Las etiquetas simples y los sellos públicos (tanto en el siglo XVII como hoy con la tecnología) sirven para colgarle un sambenito a la gente y ahorrarnos el esfuerzo de comprender su verdadera complejidad.
Glosario de palabras difíciles:
Puritanismo: Forma de vida y religión muy severa y estricta en sus normas morales y religiosas.
Estigma / Transgresión: Una marca o mancha social que desprestigia a alguien; una transgresión es simplemente quebrantar o saltarse una norma moral o ley.
Analogía: Comparación o semejanza entre dos cosas que, a primera vista, parecen diferentes.
APARTADO I: El sello que no se ve
Explicación sencilla: Se cuenta una noticia real o simulada del año 2026: la empresa OpenAI (la creadora de ChatGPT) anuncia que los textos generados por inteligencia artificial en Europa llevarán una "marca de agua invisible" llamada textGrain. Esta marca altera de manera imperceptible la forma en que el programa elige las palabras. Aunque el lector humano no la ve, un programa detector especial puede descubrir si la máquina ayudó a escribir el texto. Sin embargo, la propia empresa reconoce que esta marca no es infalible (si cambias algunas palabras, ya no se detecta) y no mide cuánto esfuerzo o ingenio puso la persona.
Tesis principal: Nos quieren vender esta tecnología como un ejercicio de "transparencia", pero en realidad es un sistema técnico complejo, privado y lleno de fallos que sirve para vigilar y señalar.
Glosario de palabras difíciles:
Marca de agua invisible: Un rastro o huella digital oculta dentro de un archivo o texto que no se ve a simple vista, pero que puede ser detectada por programas especiales.
Tokens: En informática, trozos o fragmentos de palabras en los que el ordenador divide un texto para procesarlo.
Probabilidad: La posibilidad matemática de que ocurra algo (en este caso, qué palabra es más probable que el ordenador elija a continuación).
APARTADO II: Qué es un no-concepto
Explicación sencilla: El autor toma prestada una idea de un economista y pensador llamado José Manuel Naredo. Naredo habla de los "no-conceptos". ¿Qué es esto? Son palabras o etiquetas que suenan muy técnicas, muy modernas y muy neutrales, pero que en realidad están tan vacías, confusas o mal definidas que lo único que consiguen es despistarnos y hacer que traguemos con las ideas de quien manda. Ejemplos clásicos que usa Naredo son "desarrollo sostenible" o "neoliberalismo".
Tesis principal: Un "no-concepto" no es solo una palabra imprecisa; es una trampa ideológica disfrazada de neutralidad para que aceptemos normas o decisiones políticas sin rechistar.
Glosario de palabras difíciles:
No-concepto: Término que aparenta explicar la realidad con rigor técnico pero que es tan ambiguo que no significa nada claro, sirviendo solo para ocultar intereses.
Mito de Sísifo: (Referencia mitológica) Estar condenado a hacer un esfuerzo inútil y constante que vuelve a empezar una y otra vez sin llegar nunca a ninguna parte.
Opacidad: Falta de claridad; aquello que es oscuro, difícil de ver o de entender a través de ello.
APARTADO III: «Hecho por IA» como no-concepto
Explicación sencilla: Aquí el autor aplica la idea anterior a la etiqueta de "hecho por IA". Demuestra que esta frase cumple todas las características de una trampa dialéctica por cuatro razones:
No explica nada (opacidad): No dice si la máquina hizo todo el trabajo o si el humano solo corrigió una coma.
Oculta la realidad (función encubridora): La etiqueta dice "IA" como si fuera una magia flotante, y esconde los centros de datos gigantes, la contaminación, la luz que gastan y la explotación de trabajadores mal pagados que organizan esos datos en países pobres.
Sirve para castigar (performatividad institucional): Universidades y editoriales usan la etiqueta como un sello de aprobación o rechazo, obligando al autor a demostrar su "inocencia" (como si hubiera cometido un pecado).
Atrapa a la propia crítica: Si nos peleamos discutiendo si un texto es "humano o artificial", ya hemos perdido el tiempo en el terreno que nos ha impuesto el poder.
Tesis principal: Decir que algo está "hecho por IA" es una etiqueta trampa que esconde los verdaderos problemas laborales y medioambientales, y sirve únicamente para que las instituciones controlen y sospechen de los creadores.
Glosario de palabras difíciles:
Performatividad: Capacidad de una palabra o etiqueta no solo de describir algo, sino de provocar acciones reales y cambiar la realidad (por ejemplo, que te suspendan o rechacen un trabajo por llevar un sello).
Carga de la prueba: La obligación de demostrar que uno es inocente o dice la verdad frente a una acusación.
APARTADO IV: El trabajo invisible detrás de la interacción lingüística
Explicación sencilla: El autor nos hace ver que detrás de cualquier texto supuestamente "hecho por la máquina" hay, en realidad, un tremendo esfuerzo humano que la etiqueta borra por completo. Ese trabajo humano se divide en cuatro partes:
Escribir la orden (el prompt): Pensar qué se le pide a la máquina, con qué tono y qué estructura.
Seleccionar y descartar: Leer lo que escupe el ordenador, tirar lo que no sirve, elegir lo bueno y pedir cambios.
Editar y pulir: Modificar palabras, dar estilo y corregir. (Curiosamente, cuanto más trabaja el humano en pulir el texto, más borra la marca de la IA, por lo que el sistema ya ni lo detecta).
El trabajo de base: Los miles de trabajadores invisibles (muchos en países del Sur global) que han clasificado y ordenado datos por un sueldo miserable para que la máquina pueda aprender.
Además, el autor señala que esto tiene mucho que ver con el género y la clase social: igual que el trabajo doméstico o de cuidados de las mujeres siempre ha sido invisible y no remunerado, aquí ocurre lo mismo con el esfuerzo humano que sostiene a la máquina.
Tesis principal: La etiqueta "hecho por IA" invisibiliza por completo el esfuerzo del trabajador humano y del operador, dándole el mérito (o la culpa) a una máquina que no trabaja sola.
Glosario de palabras difíciles:
Prompt: Instrucción, pregunta o texto que una persona escribe para guiar a una inteligencia artificial.
Diálogo asimétrico: Una conversación o relación donde las partes no están en pie de igualdad (en este caso, el humano manda y guía, pero la máquina responde bajo reglas ocultas).
Economía feminista: Corriente de pensamiento económico que denuncia cómo los trabajos de cuidados y sostenimiento de la vida (históricamente hechos por mujeres) no se reconocen ni se pagan.
APARTADO V: La etiqueta espejo y por qué «hecho por humano» no es la alternativa
Explicación sencilla: Podríamos pensar que la solución es poner la etiqueta contraria: "Hecho por humano". Pero el autor nos advierte que esta etiqueta es igual de falsa y vacía. ¿Qué significa exactamente "hecho por humano"? ¿Significa escribir todo a mano desde cero, usar un corrector ortográfico automático, o corregir un texto hecho por ordenador cambiando un 30%? Hay mil grises intermedios. Escribir, dirigir, supervisar o corregir son cosas muy distintas. Además, esta etiqueta no la eligen libremente los autores, sino que la imponen las grandes tecnológicas y los organismos oficiales desde arriba.
Tesis principal: Tanto "hecho por IA" como "hecho por humano" son etiquetas simplonas que no aclaran nada sobre cómo se hizo realmente una obra, y solo sirven para que los poderosos controlen a los creadores.
Glosario de palabras difíciles:
Colonialismo epistémico: Dominio cultural e intelectual en el que unos pocos (el "centro" tecnológico o poderoso) imponen las categorías de pensamiento y las normas que los demás (la "periferia") tienen que aceptar y obedecer.
Semánticamente ambigua: Una palabra o frase que se presta a muchos significados confusos y no aclara con precisión a qué se refiere.
APARTADO VI: La objeción previsible (y su respuesta)
Explicación sencilla: El autor se adelanta a lo que muchos críticos le dirían: "Bueno, hombre, tampoco nos pongamos tan estrictos; la etiqueta solo busca avisar de que hay una máquina por medio, no hace falta hilar tan fino". El autor responde que una advertencia que no se puede comprobar ni entender por el ciudadano de a pie no es transparencia, sino un mecanismo de vigilancia. Usando la filosofía de un pensador famoso (Michel Foucault), explica que el poder siempre usa la excusa de la "transparencia" para vigilar lo que hacemos, controlar la creatividad y sospechar de los autores, mientras oculta los grandes intereses económicos que hay detrás.
Tesis principal: Las etiquetas obligatorias no buscan informar al lector común, sino otorgar a las grandes instituciones una herramienta de control y sospecha sobre lo que la gente escribe.
Glosario de palabras difíciles:
Señalización: En este contexto, poner una marca o aviso llamativo que cumple una función de control social pero que carece de un contenido real o verificable.
Vigilancia: Acción de supervisar, controlar o espiar de cerca las conductas de las personas.
APARTADO VII: La letra escarlata, revisitada
Explicación sencilla: Aquí el autor vuelve a conectar con el libro del principio. La letra "A" de Hester Prynne era visible por todos y todo el mundo sabía lo que significaba. En cambio, la marca digital de la IA es invisible para el lector, inútil de comprobar para el autor y solo la pueden leer las grandes empresas con sus claves secretas. Lo peor de todo es que la marca digital no se puede "perdonar" ni redimir con buenas obras (como hacía Hester con su vida); un texto siempre puede ser sospechoso de ser "demasiado perfecto o rápido". Y lo más irónico: si un autor humano corrige con normalidad un texto de IA, borra sin querer el sello, demostrando que la ley es un absurdo frágil.
Tesis principal: A diferencia del castigo antiguo (que al menos era público y superable), la etiqueta digital es un mecanismo de sospecha permanente e ineludible que castiga la propia práctica de escribir y corregir.
Glosario de palabras difíciles:
Redención: Compensación o perdón de una culpa o falta a través de buenos actos o esfuerzo personal.
Inverificable: Que no se puede comprobar ni demostrar de forma independiente por uno mismo.
APARTADO VIII: El laboratorio involuntario de la revista científica
Explicación sencilla: El autor pone un ejemplo claro: las revistas científicas. Muchas han empezado a rechazar artículos de investigación a la mínima sospecha de que tengan "señales" de inteligencia artificial. Lo hacen con la buena intención de proteger la honradez científica, pero utilizan detectores secretos y poco fiables que ni el propio autor puede comprobar ni rebatir. Es una injusticia total (unilateral), donde la revista, que nació para garantizar la claridad y la responsabilidad del autor, prefiere fiarse ciegamente de un aparatito mágico en lugar de exigir lo que siempre ha hecho: que el autor declare con claridad y honestidad qué parte ha investigado, qué ha redactado y quién asume la responsabilidad.
Tesis principal: Las instituciones académicas y científicas, en lugar de exigir declaraciones claras de autoría y trabajo riguroso, están adoptando a ciegas herramientas de control secretas y arbitrarias.
Glosario de palabras difíciles:
Sátrapa ilustrado: Forma irónica de llamar a una autoridad que actúa de manera dictatorial o impositiva ("yo lo sé todo y hago lo que quiero") bajo una falsa apariencia moderna o culta.
Trazabilidad: Capacidad de rastrear y seguir el rastro de un proceso o producto desde su origen hasta el final para saber cómo se ha hecho.
Criterio binario: Una decisión de blanco o negro ("sí o no", "válido o prohibido"), sin admitir matices ni términos medios.
APARTADO IX: Qué queda por preguntar
Explicación sencilla: El autor resume que la pregunta tonta de "¿este texto lo ha hecho una persona o una máquina?" no nos lleva a ninguna parte porque no tiene una respuesta clara. Las verdaderas preguntas que deberíamos hacernos son políticas y sociales: ¿Quién guarda las llaves de los detectores secretos? ¿Con qué derecho nos acusan sin darnos pruebas que podamos revisar? ¿Por qué nos hacen demostrar nuestra inocencia a nosotros mientras la gran industria tecnológica oculta la contaminación y la explotación que hay detrás de sus chismes? La solución no es mejorar las etiquetas trampa, sino exigir declaraciones abiertas y detalladas de cómo se ha elaborado una obra.
Tesis principal: Debemos dejar de hacernos preguntas trampa sobre la pureza artificial o humana de los textos y empezar a exigir transparencia real sobre los procesos, los costes laborales y las relaciones de poder.
Glosario de palabras difíciles:
Horizonte posible: Un camino de futuro razonable o una solución viable a un problema.
Impugnar: Oponerse, contradecir o rechazar un juicio, una decisión o un resultado legal o institucional con argumentos.
APARTADO X: La paradoja del testigo
Explicación sencilla: Para rematar, el autor plantea una paradoja casi de película: la máquina que supuestamente deja la marca no sabe a ciencia cierta si la ha dejado, el autor humano tampoco lo puede comprobar, y el lector se fía a ciegas de un veredicto externo. ¿Cómo se puede obligar a un ciudadano a defenderse de una acusación (si su texto lleva IA o no) si ni él ni el programa con el que ha escrito tienen acceso a los registros secretos de la gran empresa tecnológica? Esto convierte la sospecha en un abuso de poder.
Tesis principal: Cuando los mecanismos de control son secretos y inaccesibles, la justicia desaparece y la sospecha se convierte simplemente en una imposición autoritaria de los poderosos.
Glosario de palabras difíciles:
Paradoja: Idea extraña o contraria al sentido común que surge de un razonamiento profundo y que parece encerrar una contradicción insuperable.
Valor probatorio: La validez oficial que se le da a una prueba para demostrar que algo es cierto en un juicio o procedimiento.
OUTRO (Cierre)
Explicación sencilla: El autor vuelve a recordar aquella despedida de Helsinki con su amiga Eva y el libro de Nathaniel Hawthorne. Al final, nos invita a reflexionar: la letra escarlata original decía mucho más de los prejuicios y miedos de los jueces puritanos que de los propios pecados de la mujer condenada. De la misma manera, nuestras manías actuales por etiquetar y perseguir la inteligencia artificial dicen mucho más de nuestros miedos sociales y de nuestra hipocresía que de los textos en sí. Mientras exigimos que un texto o una imagen "confiese" si ha usado una máquina, compramos ropa, aparatos y consumimos recursos a diario cuyas condiciones de fabricación inhumanas preferimos no mirar.
Tesis principal: Las etiquetas y marcas obsesivas con las que intentamos controlar la tecnología reflejan nuestros propios temores y nuestra hipocresía colectiva, distrayendo la atención de los abusos reales de nuestra economía.
Glosario de palabras difíciles:
Deriva mental: El acto de dejar vagar los pensamientos y los recuerdos de un tema a otro de manera libre.
Hipocresía: Actitud de fingir cualidades o virtudes contrarias a los propios actos, o mirar hacia otro lado ante los problemas graves mientras se arman revuelo por minucias.
ANTI POSTDATA (El remate final)
Explicación sencilla: El autor termina con un toque de ironía muy fina y divertida: propone, ya puestos a etiquetar todo por ley, que llevemos una etiqueta visible en la frente los propios seres humanos que detalle nuestros vicios, nuestros malos hábitos de consumo y el sufrimiento que causamos en el planeta con nuestra forma de vida... o que empecemos por ponérsela a los animales (aunque no sepan leer). Una forma genial de ironizar sobre lo absurdos que somos al querer controlarlo todo mediante sellos vacíos.
Glosario de palabras difíciles:
Anti postdata: Una nota añadida al final de un texto (incluso después de la postdata tradicional) para rematar con una ocurrencia o reflexión final provocadora.
¡Con esta estructura y explicaciones sencillas, te aseguro que en tu tertulia lo van a entender de maravilla, se van a enganchar al debate y quedarás genial como animador! Si necesitas profundizar en algún punto antes de la reunión, dímelo y lo vemos.
ÚLTIMA PARTE DE ESTE ESCRITO: MI PROPIA EXPLICACIÓN.
Esta es la parte que te he comentado que falta. Debería elaborar para cada apartado del texto de Juanjo mi propia aclaración, teniendo en cuenta las explicaciones de ambas IAs y mi propia comprensión del texto. Como ya he dicho, debido a la cantidad de tareas pendientes que tengo, debo dejar aplazada sine die esta parte, que es quizá la más importante, y la dejo "para el curioso lector"
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Tu opinión respetuosa con elementales normas de cortesía y convivencia, será siempre bienvenida